La Runa Mula
Historias de Mi Tierra
Rincón compartido que recibe colaboraciones de todos los amigos que quieren a su tierra.
LA RUNA MULA

La señora Grimaneza , un buena señora vecina siempre nos reunía a los muchachos del barrio y nos daba sanos consejos, al terminar estas sesiones de unas dos horas, nos invitaba huahuilllos y nos contaba una historia vivencial de la región, la que recuerdo mas el la que refería a que de los alrededores de un enorme árbol de mango, que había cerca de la calle en las noches a las 12 PM salía un mula que cuando corría votaba candela de sus cascos era la llamada RunaMula, y llevaba como jinete al mismísimo shacchico (lucifer), como una forma de castigo, al llegar el día la mula nuevamente se convertía en mujer pero llevaba las muestras de la paliza y los azotes recibido durante la noche, pero no recordaba nada de cómo sucedió.
En esos días se juntaron varios hechos, inexplicables, como si el destino armara un rompecabezas para que sucediera los hechos que voy a relatar, lo más fidedignamente posible.
En esos días cursaba el tercer año de Media en la gran unidad Jimenes Pimentel, colegio emblemático de la ciudad de Tarapoto en el Departamento de San Martín, la profesora de religión tubo un accidente y fue reemplazada por una simpática monja, que nos hacia cantar ...una espiga dorada por el sol...
Ese día un viernes 22 de Junio, por la tarde recibimos el encargo de ir la chacra de un vecino y coger hoja de bijao o aunque sea plátano, como nos grito Carlos Ikeda hombre enérgico, pero muy bondadoso, para prepara los juanes, comida típica en la Selva para conmemorar San Juan que seria el domingo 24.
Enrumbamos a las 5.30PM hacia las orillas del Rió Cumbaza, confiando que en alguna de las chacras el dueño nos dejaría cortar las hojas de bijou o de plátano, no cobraría dos soles o tal vez no y regresaríamos a las 7 con nuestro encargo y seriamos premiados el domingo con doble presa del gallo que seria sacrificado en holocausto para que la familia y sus invitados puedan festejar el clásico San Juan a orillas del Rió Cumbaza.
Pero no contábamos que los pobladores de la zona también habían tenido similar idea, pero días antes que nosotros y por chacras cercanas no había una sola hoja de plátano o bijau para cumplir la orden de Don Carlos, así que sabíamos que si regresamos sin las hojas seriamos castigados de alguna manera terrible, por lo cual juramos que no volveríamos a la casa sin las hojas benditas.
Pero las horas pasaban y no hallábamos las hojas, hasta que a eso de las 7pm encontramos a una anciano bondadosa que nos permitió cortar un atado de las hojas de su plátanos bellacos a condición que les cosecháramos 4 racimos de plátanos, y uno de ellos nos dio de regalo, además de nuestros sendos pates de mingado (plátano maduro sancochado y chapeado).
A eso de las 8 ya emprendíamos el regreso contentos pero preocupados por la hora de llegada, estaba seguro que me caería cuando menos y carajeada ya que por esa zona, se encontraba el rio Cumbaza, donde tenia fama una pequeña laguna formada por las aguas, el famoso pihuicho pozo, donde habaia habido crímenes y ahogamientos, por lo cual seria motivo de preocupación para el bueno de Don Carlos ya que podría pasarnos alguna desgracia.
De repente mientras caminamos por el sendero que bordeaba el río, se escucho un estruendo sentimos un galope de caballos, pero para susto aterrador de nosotros, una manada de caballos negros corrian asustados y entre ellos uno cabagado cpor un jinete con cinta roja al cuello, de repente una llama de fuego, como si fuera un rayo encendió las hiervas del pequeño sendero delante de nosotros, los animales se alejaron en dirección a la corriente del rió, atropellándose asustados..
Winki Hernan como así se llamaba mi amigo con el que compartíamos el encargo de las hojas para los juanes, me agarro del hombro temblando, nos miramos con cara de asustados, hoy después de muchos años recuerdo esa mirada con un horror o y miedo indescriptible dibujado en su joven rostro, me imagino que yo habré tenido una expresión similar pero done mis impulsos y nos agazapamos cerca de un árbol de coco.
Permanecimos agazapados por unos diez interminables minutos, después recuerdo que alcance a decir si vienen otra vez nos defenderemos con los machetes, lo dije sin mucha convicción para evitar el echar a correr de genuino temor a lo inexplicable para mi en esos angustiosos momentos.. Felizmente escuchábamos que venían personas conversando, nos escondimos y resultaron ser campesinos que regresaban a sus casas en el pueblo, entre ellos había uno señor llamado Rene Urquia, ellos nos vieron y se acercaron, al ver nuestros aterrados rostros nos preguntaron, que pasaba, les contamos todo, nos dieron de tomar agua de un huingo y prometieron acompañarnos al a ciudad, lo cual lo hicieron, el mayor de ellos llamado Julian Sandoval, nos explico, que eso que habíamos visto no era frecuente pero se tenia conocimiento que se habían dado unos tres casos que el se acordaba, y nos recomendó que oráramos por esos seres pecadores mientras se persignaba y no se hablo mas por el camino, cada quien tenia sus pensamientos y en los rostros de los hombres se notaba preocupación, recomendándonos además que fuéramos cautos por que nadie a parte de los que conocían las zona y sus creencias podrían creernos.
Al día siguiente todavía me duraba el susto que perduro por varias semanas, el lunes a la 1 PM que entrábamos a las clases, y cual no seria mi terror cuando de repente me encuentro con la monja a quien yo respetaba mucho, pero estaba seguro en ese momento, y hasta ahora me queda la duda que la doña tenia unas llagas en las piernas, la madre Jimena como la conocían, al ver mi rostro me dirigió una sonrisa que en aquellos momentos confirmo mis mas negras teorías, recuerdo que salude y me aleje corriendo.
Luego tuve la insensatez de contarle a mis compañeros la historia del viernes en la noche, y por esas cosas que sospecho al día siguiente fui llamado a la dirección, me toco 3 latigazos y pase toda la noche escribiendo en mi cuaderno, no debo contar tonterías a mis compañeros ni inventar historias satánicas, pero yo hasta ahora se que no fueron invención mía.
Pero yo juro que no invente nada, pero si me asegure que en mis normas de conducta, figura contar lo menos posible a mis compañeros.
Historia de la vida real.



